Impresiones sobre Lima

Tras casi un mes en Lima nos podemos hacer una idea bastante aproximada de lo que “La Ciudad de los Reyes” ofrece de nuevo al viajero.

Efectivamente, enamorados de esta ciudad, catalogada por algunos como “la gran olvidada”, no nos cansamos desde hace años de visitarla, por lo que hemos podido ir comprobando su evolución en los últimos tiempos, una evolución que siempre ha parecido estanca pero que, de dos años a esta parte, ha experimentado una aceleración con la que ha parecido recuperar el tiempo perdido de siglos.

Lima, al igual que el resto de Perú, ha sido víctima de su propia Historia, una Historia llena de anhelos frustrados, de las prometedoras épocas gloriosas del Virreinato, de las esperanzas de dadas por los libertadores que prometieron la libertad y la igualdad que nunca llegó, de las promesas de las riquezas escondidas en las entrañas de sus tierras que se escaparon entre los dedos, de los “cantos de sirena” lanzados por iluminados revolucionarios que, trocados en llantos de dolor más tarde, desangraron a un país que nunca encontró el sitio que, por Justicia, le correspondía en la Historia. Lima encarnaba a la perfección el pasado y el oscuro futuro de todo un país, un futuro siempre ensombrecido, al igual que el plomizo cielo limeño, por vagas y vanas promesas populistas, cuyo puntual fracaso parecían hundir aún más el aparente ánimo conformista de los peruanos.

Y así, parecía que Perú estaba condenado a repetir una y otra vez, siendo Lima un triste y gris reflejo de los fracasos tantas veces repetidos, los cuales, convertidos en tópico, identificaban en el resto del Mundo a los peruanos. Parecía imposible que este país pudiera revertir esa tendencia natural al fracaso, llegándose a afirmar que desde países que padecían de la “enfermedad del nuevo rico” que se trataba de “un destino natural”, consustancial con la forma de ser de los peruanos, fruto de la desidia, del dejarse llevar, de la indolencia propia de un “pueblo de indígenas”, afirmaciones que, incluso, llegaron a calar en el pueblo peruano con un conformismo narcotizante en el que los más pobres se aquietaban en su destino y los más ricos ignoraban a los anteriores considerándolos un lastre histórico que estaban obligados a soportar.

Sin embargo, Perú, con luces y sombras, eso sí, ha sabido sorprender al Mundo y mostrarse como un ejemplo a seguir, tal y como afirma el mismísimo “Wall Street Journal”, convirtiéndose en uno de esos fenómenos económicos a analizar por lo sorprendente que resulta el hecho de que un país condenado a repetir su Historia sea capaz de romper sus cadenas históricas y escapar hacia el futuro, un futuro que ya es realidad y que sitúa a Perú en uno de los países más prometedores del Mundo, siendo su capital, Lima, el escaparate de lo que algunos llamarán “milagro”, pero que, en realidad, no es más que la vieja receta de hacer las cosas bien, dejando de lado los “cuentos de la lechera bolivarianos” que tan atractivos han resultado para otros y que, una vez más, les han conducido al “romántico fracaso” al que parece condenada Latinoamérica y que tan atractivo resulta para algunos.

Pero, para ser sinceros, tal vez enterrados en las montañas de tópicos que han ensombrecido al peruano que nos impedían ver el espíritu optimista y emprendedor que ardía en su corazón, nosotros tampoco confiábamos en que fuera posible el salto hacia el futuro que está dando este país, un salto que, sin ayuda de nadie (a diferencia de casos como el de España por parte de la Unión Europea, se explica bien si se conoce la forma de ser de quienes habitan este país lleno de contrastes y de mestizaje, con una capital, Lima, que en las últimas décadas tomó la responsabilidad de convertirse en motor y punta de lanza del progreso y la innovación, despertando de un letargo criollo secular que paralizaba en una foto fija al resto del país.

Ciertamente, quienes viajamos con frecuencia a Perú, pensábamos que este país no tenía remedio, que estaba condenado a reproducir los tópicos limeños: desorden, suciedad, inseguridad, caos y adormecimiento complaciente. Sin embargo, en nuestro último viaje a Lima hemos podido comprobar lo errado de la apreciación; hemos podido contemplar una ciudad que despierta, que avanza, que no se conforma con los tópicos y que, sin renunciar a su pasado, ha comprendido el tesoro que encierran sus viejos rincones y sus nuevas propuestas, un cóctel explosivo que está despertando a esta ciudad de su ancestral letargo, convirtiéndola en destino y no en lugar de paso a los tradicionales lugares turísticos de Perú, como es el caso del todopoderoso Cuzco y el imprescindible “Machu Picchu”, unos atractivos que la capital limeña ha sabido aprovechar para desperezarse y mostrar al viajero que ella tiene mucho más que ofrecer, como el resto del país, derribando así las barreras del tópico que tanto ha dolido al peruano que ha salido al exterior a labrarse un futuro. En nuestro último viaje, hemos podido ver una Lima en transformación que nos anuncia el futuro tan prometedor que espera a Perú.

Y es que el peruano es una persona callada, que trabaja en silencio y que administra con abnegación el fruto de su trabajo, sin dejar de pensar que, un día, las cosas irán mejor, de ahí la sorpresa que está produciendo el contemplar cómo un país prácticamente deshauciado se ha convertido en ejemplo para el Mundo. Basta con visitar Lima, tras varios años de ausencia, para darse cuenta de que Perú está construyendo algo nuevo, de la manos de sus gentes en cuya mirada, ahora sí, se vislumbra la alegría, el positivismo y la confianza que comparten con quien el visitante, mostrándole los encantos de un país lleno de propuestas y posibilidades de los que Lima es su escaparate.

Lima ya no sólo es Miraflores, San Isidro, la Costa Verde y la Plaza de Armas. Lima ofrece al Mundo infinidad de propuestas que van desde la gastronomía y la fusión y mestizaje que la definen y enriquecen, pasando por la moda basada en la tradición, y llegando a las propuestas de ocio más atrevidas que, antaño, estaban sólo reservadas para los más pudientes de la sociedad limeña. Lima es la de antes, pero comienza a despojarse de su oscuridad agobiante, de sus lugares prohibidos por su inseguridad, de las viejas ataduras que la anclaban en el tópico más nefasto, ofreciendo al viajero propuestas que combinan el sabor de la más castiza y criolla ciudad con la modernidad indispensable en el cambio que nos propone todo un país: la recuperación de la parte más antigua de la ciudad para el turismo, el “Metropolitano”, el “Tren Eléctrico”, la recuperación de la Costa Verde, las noches de “Asia”, el Miraflores cada vez más dinámico y conectado al mar a través de la remodelación de la Avenida Larco que confluye en el indispensable “Larcomar”, la recuperación y embellecimiento de Surco, la puesta en valor de zonas como El Callao, el imprescindible Parque de las Aguas con su espectáculo de luz y color que es el “Circuito Mágico del Agua”, …, son ejemplos de lo que indicamos, lo cual invita a callejear cada vez más por Lima y descubrir y saborear sus rincones de una forma que nunca antes fue posible.

Si bien es cierto que Lima y, por extensión, Perú necesitan aún más tiempo para que este incipiente progreso se consoliden, no es menos cierto que el mismo se fundamenta sobre sólidas bases, lo que ha permitido que este país sortee sin problemas la crisis que, por el contrario, está afectando a países menos “disciplinados” que han dilapidado, afectados por el “mal del nuevo rico”, su economía y su concepto mismo de país, concepto que los peruanos, sorprendentemente, han sabido mantener vivo, incluso en los peores momentos, haciendo gala de un patriotismo vetado en otras latitudes, como denunciara en su blog Arturo Pérez Reverte en el caso de España, algo que, en buena parte, explica la situación que cada uno ocupa actualmente en la prensa mundial.

Lima es encanto, es magia, es sabor añejo y modernidad al mismo tiempo. Lima es una ciudad que no te va a dejar indiferente, que quizás necesite de más de una visita para enamorarte; que, quizás, como el café peruano, necesite de varias tazas para engancharte. Lima, tal vez, en la primera visita, te resulte gris, pero que, cuando la dejes, añorarás y necesitarás volver a visitar. Lima nos encanta y, en esta última visita, nos ha atrapado definitivamente, con sus encantos de amante soñadora que se engalana y perfuma para reunirse definitivamente con su esquivo enamorado: el futuro.

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